Es una propiedad de los
organismos vivos que
consiste en su capacidad de mantener una condición interna estable compensando los cambios en su entorno mediante el
intercambio regulado de materia y energía con el exterior (metabolismo). Se trata de una forma de equilibrio dinámico que se
hace posible gracias a una red de sistemas de control realimentados que
constituyen los mecanismos de autorregulación de los seres vivos.

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